He pasado mas de treinta años vomitando. Cuando era niña era siempre un síntoma temprano, de absolutamente cualquier cosa, desde un dolor de muelas a un pequeño disgusto. Por supuesto ahora son las resacas, el estrés, los desamores y todavía los dolores de muelas.
Suena mas feo de lo que es en verdad, porque tampoco es que me ponga a vomitar en publico a la menor provocación, mas bien tengo días de estar encerrada vomitando, un domingo completo (generalmente después de un muy buen sábado) en el que no puedo beber ni un trago de agua sin echarlo fuera.
Después de todo este tiempo he aprendido a controlarlo, un par de inyecciones de bonadoxina y media hora después una taza de té, pero durante años fue una pesadilla, encerrada en mi casa, sin contestar el teléfono vomitando cada treinta minutos. No es lindo, lo se y esta es una de esas confesiones.
Ahora sé que tengo reflujo biliar, una infección de helicobacter que seguro lleva ahí mas de diez años y una hipersensiblidad al vino tinto. Y que todo eso junto con la terrible costumbre heredada de mi madre de somatizar cualquier estupidez, hace que en malos tiempos pierda hasta cinco kilos en un par de semanas.
Vivo paranoica del cáncer de esófago, del café express, y del próximo deadline. La alternativa son tres meses de tratamiento, cinco antibióticos distintos y otra endoscopia, y después, supongo que me quedare sin excusas y tendré una buena razón para que mi vida se acerque un poco a lo que a estas alturas, ya debería de ser.
Suena mas feo de lo que es en verdad, porque tampoco es que me ponga a vomitar en publico a la menor provocación, mas bien tengo días de estar encerrada vomitando, un domingo completo (generalmente después de un muy buen sábado) en el que no puedo beber ni un trago de agua sin echarlo fuera.
Después de todo este tiempo he aprendido a controlarlo, un par de inyecciones de bonadoxina y media hora después una taza de té, pero durante años fue una pesadilla, encerrada en mi casa, sin contestar el teléfono vomitando cada treinta minutos. No es lindo, lo se y esta es una de esas confesiones.
Ahora sé que tengo reflujo biliar, una infección de helicobacter que seguro lleva ahí mas de diez años y una hipersensiblidad al vino tinto. Y que todo eso junto con la terrible costumbre heredada de mi madre de somatizar cualquier estupidez, hace que en malos tiempos pierda hasta cinco kilos en un par de semanas.
Vivo paranoica del cáncer de esófago, del café express, y del próximo deadline. La alternativa son tres meses de tratamiento, cinco antibióticos distintos y otra endoscopia, y después, supongo que me quedare sin excusas y tendré una buena razón para que mi vida se acerque un poco a lo que a estas alturas, ya debería de ser.
No hay comentarios:
Publicar un comentario