jueves, 18 de diciembre de 2008

Sera de mala suerte

No soy persona de mascotas. Dejan pelos en los sillones, huelen mal y reclaman todo el tiempo un palabra amable. No tengo palabras amables ni para mis compañeros de oficina, ni para decírselas con sarcasmo al espejo en las mañanas.
A veces quisiera sin embargo, tener un gato. Que acabe con los ratones y que tal vez cuando este viejo, las ratas acaben con el. He tenido muchos gatos y les da por vivir más que yo. Tuve uno que compartía nombre de un alguien endosado a mi vida por completo y por supuesto nunca se cayeron bien el uno al otro. Tuve una gata que nació entre instrumentos de tortura y parió después un hijo con algo parecido al síndrome de down. Le abandone en un jardín enorme y luego cuando me invadió la culpa, había desparecido.
Quisiera tener un gato de tres colores (claro, que entonces seria una gata) Que desapareciera por temporadas cuando me hartara de el, así como cada quince días deseo que desaparezca todo lo que poseo. Que desaparezca cuando la vecina venga a regañarme porque lo peor que puedo hacer en el mundo es tener un gato. Que sea callado y tonto y que no coma nunca y que no me recuerde que en un par de semanas voy a quererlo muerto.

Dos semanas: es el máximo tiempo que puedo hacerme cargo de un gato, de un empleo, de un amigo, de un refrigerador, de mi vida.

martes, 5 de agosto de 2008

Cuantas camas caben en trescientos kilometros

No puedo estar lejos de La Ciudad. Mas de diez días y ya estoy mordiéndome las uñas y extrañando las calles malolientes y mirando mi agenda.
Todos los viernes tomo carretera para poder dormir en mi cama, que aunque no la visite mas que los fines de semana, sigue siendo mi cama. Para poder pasar dos días y medio con mis amigos, con mis zapatos y con mi otra vida (que no mejor ni peor, solo es otra).

Solo saberme allí me pone contenta y quiero hacer montones de cosas en 48 horas y ver a montones de gentes e ir a montones de lugares. Lo peor es que casi siempre lo consigo.
Y el domingo otra vez, agotada y dolorida, hago maleta y vuelvo al trabajo llevando solo lo indispensable para sobrevivir cuatro días y medio, y así me aseguro de siempre tener una excusa los viernes por la tarde.
A veces necesito excusas porque suena ridículo pasar tres horas en un PrimeraPlus, solo para dormir en mi cama, pero para mi vale la pena, vale el peaje, la malísima película y el sandwich de pan blanco con cocacola. Necesito una excusa para explicar porque me voy corriendo a la ciudad mas contaminada, mas peligrosa y con mas trafico del país, cuando todo mundo quiere salir de ella apenas puede.

Y siempre en sentido contrario, me voy poniendo cada vez mas contenta mientras miro llegar la noche del viernes desde la ventana del autobús.

viernes, 23 de mayo de 2008

Reposo absoluto

Siempre me he enfermado de la garganta. Tengo unas amígdalas enormes de esas que todos los médicos quieren extirpar cuando uno es pequeño. Afortunadamente en mi casa nunca lo permitieron y ahora se me llenan de puntos blancos al menos cuatro veces al año. Tengo artritis reumatoide, como secuela obligada de interminables infecciones de la garganta. Fui sometida a inyecciones torturantes de aceitosa penicilina a edad temprana y no hubo manera de sacarme de encima al estafilococo beta hemolítico que me pesa aún, algunas noches muy frías.
Un casi-amigo me contagio hace diez días una infección viral que termino convirtiéndose en la infección bacteriana de siempre. Casi-la-de-siempre. Excepto porque tuve fiebre cinco días, tos seca y pavorosa y termine quedándome sin habla al cabo de casi-una-semana. Lo malo en realidad fue que mi cumpleaños tuvo la mala idea de presentarse justo a la mitad de la enfermedad y por supuesto celebré quedándome a dormir fuera de casa. No pude responder las correspondientes llamadas de felicitación, básicamente porque no podía hablar. Todos me preguntaban - ¿Seguro que habrá fiesta el sábado? - ¡Seguro! - contestaba yo apenas audiblemente.
Descolgué el teléfono apague el móvil y me metí a la cama veinticuatro horas a tomar te de ajo y aspirinas. Apenas para el sábado me repuse, pero debe haberse corrido un poco la voz porque la asistencia no fue la multitudinaria de otros años. Igual no terminé de agradecerles a los que si fueron, a pesar de que sonaba imposible y a los que como siempre bailaron la noche entera. Al otro día volvió a importarme un pepino la infección, al cabo tengo un año completo para curarme