viernes, 23 de mayo de 2008

Reposo absoluto

Siempre me he enfermado de la garganta. Tengo unas amígdalas enormes de esas que todos los médicos quieren extirpar cuando uno es pequeño. Afortunadamente en mi casa nunca lo permitieron y ahora se me llenan de puntos blancos al menos cuatro veces al año. Tengo artritis reumatoide, como secuela obligada de interminables infecciones de la garganta. Fui sometida a inyecciones torturantes de aceitosa penicilina a edad temprana y no hubo manera de sacarme de encima al estafilococo beta hemolítico que me pesa aún, algunas noches muy frías.
Un casi-amigo me contagio hace diez días una infección viral que termino convirtiéndose en la infección bacteriana de siempre. Casi-la-de-siempre. Excepto porque tuve fiebre cinco días, tos seca y pavorosa y termine quedándome sin habla al cabo de casi-una-semana. Lo malo en realidad fue que mi cumpleaños tuvo la mala idea de presentarse justo a la mitad de la enfermedad y por supuesto celebré quedándome a dormir fuera de casa. No pude responder las correspondientes llamadas de felicitación, básicamente porque no podía hablar. Todos me preguntaban - ¿Seguro que habrá fiesta el sábado? - ¡Seguro! - contestaba yo apenas audiblemente.
Descolgué el teléfono apague el móvil y me metí a la cama veinticuatro horas a tomar te de ajo y aspirinas. Apenas para el sábado me repuse, pero debe haberse corrido un poco la voz porque la asistencia no fue la multitudinaria de otros años. Igual no terminé de agradecerles a los que si fueron, a pesar de que sonaba imposible y a los que como siempre bailaron la noche entera. Al otro día volvió a importarme un pepino la infección, al cabo tengo un año completo para curarme

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