domingo, 25 de marzo de 2007

Intrusos e inaccesibles


Abandone mi casa un mes y me arrepiento. Había goteras por supuesto y el pasto crecido hasta las axilas.
Me invadieron los ratones con rencor. Silenciosos y enojados, se me esconden en cuanto vuelvo la cabeza. Se meten en los huecos de mi casa (que esta llena de huecos) y en los zapatos. Cada vez que canto me hacen compañía. No funcionan los gatos porque "levantan las tejas" y eso molesta a los vecinos. Probé veneno y les dio por morirse encima de mi ropa y casi fué peor.
Me persiguen también cuando salgo de casa y en mi oficina siguen molestando.
Se meten en mis sueños como parientes lejanos y los escucho morir bajo la cama. Despiertan cuando yo despierto y cínicos se amodorran en mi pereza o en la composta.
He dejado hojuelas de avena envenenada y se que mañana aparecerán vengándose sus cadáveres sonrientes por toda la casa. Y la mudanza los encontrara triunfantes como siempre

lunes, 5 de marzo de 2007

Bajo bocanadas

Este es un día ingrato, uno de esos en los que se mueven mucho los árboles del llano y sale humo detrás de los cerros y se arrastra por el campo. Yo vivo detrás de un llano con grandes cerros en contorno. El humo espeso se ve por la ventana, engaña a todos los que le creen solo niebla. A mi no, yo se que deja cenizas y matorrales ennegrecidos. Se incubaba tras la ventana y se agazapaba en agujeros. La tierra aquí esta llena de agujeros.

Este es un día ingrato en que sale humo de los agujeros. Por eso quisiera quedarme en cama, pero no puedo, justo hoy no puedo. Me sujeta el trabajo, yo misma me tiranizo. Sin ganas, con ojeras azules y ropa oliendo a humo, tengo que pasar el resto del día. Llenando papeles con números y letras. La angustia del trabajo me permite olvidarme de la angustia de afuera, que sale de agujeros y se arrastra por el suelo. Me olvido del desamor y de la madrugada, de la imagen que se me enreda en la sien, me olvido que tengo alegrías pequeñas y noches largas, me olvido las escamas que están saliéndome del cuerpo. me olvido mientras lleno los papeles de números que apenas entiendo. Ya ha pasado la mitad del día, y no he terminado la lista de pendientes, no he avanzado ni un poco.

Cierro la ventana y se va el olvido de pronto. Queda entonces mi cara azul pegada al cristal, mirando el llano iluminado y nebulosos, con cerros al fondo, grises y fantasmas. Falta tanto, tanto para el final del día. No terminare la lista de pendientes y saldré corriendo después del anochecer, con la angustia detrás me encerraré en mi cuarto, para ocultarme del humo. Para mal dormir mucho y llorar poco, porque mañana seguro será un día ennegrecido e ingrato.