jueves, 6 de septiembre de 2007

Recuerdos a la boca

Recibí hace años una postal de una acuarela del pueblo junto al mar donde vivías. Del malecón de piedra donde caminabas para sanar una herida que todos recordamos. En el mismo sobre de la postal, junto con toda tu pérdida y toda mi tristeza, mandabas una bolsita de té.
La postal permaneció en el sobre y la bolsa de té también y yo las cambiaba de libro en libro y de cuaderno en cuaderno para llevarlas siempre conmigo. Algunas veces sacaba la bolsa de té que había cruzado el mar volando y la olisqueaba mientras escuchaba claramente los regaños tuyos y tu prisa.
Hoy finalmente puse la bolsita de té en una taza de agua caliente. Y me la bebo a tu salud en la terraza mirando el polvo del desierto que el aire levanta en bocanadas. Y me despido de los regaños pero me quedan bailando en la oreja los ruiditos doloridos que inventaban tus manos sobre una guitarra.

martes, 10 de abril de 2007

Caída libre


Tuve un accidente este fin de semana.
El auto que conducía se salió de la carretera y cayó a un barranco.
Nadie me cree porque no tengo un solo arañazo. La imagen se me viene encima una vez y otra apenas cierro los ojos. Deje muchos pendientes que este día, trato de terminar con violencia.
Me da rabia cuando lo pienso, pero me muero de risa al contarlo.

domingo, 25 de marzo de 2007

Intrusos e inaccesibles


Abandone mi casa un mes y me arrepiento. Había goteras por supuesto y el pasto crecido hasta las axilas.
Me invadieron los ratones con rencor. Silenciosos y enojados, se me esconden en cuanto vuelvo la cabeza. Se meten en los huecos de mi casa (que esta llena de huecos) y en los zapatos. Cada vez que canto me hacen compañía. No funcionan los gatos porque "levantan las tejas" y eso molesta a los vecinos. Probé veneno y les dio por morirse encima de mi ropa y casi fué peor.
Me persiguen también cuando salgo de casa y en mi oficina siguen molestando.
Se meten en mis sueños como parientes lejanos y los escucho morir bajo la cama. Despiertan cuando yo despierto y cínicos se amodorran en mi pereza o en la composta.
He dejado hojuelas de avena envenenada y se que mañana aparecerán vengándose sus cadáveres sonrientes por toda la casa. Y la mudanza los encontrara triunfantes como siempre

lunes, 5 de marzo de 2007

Bajo bocanadas

Este es un día ingrato, uno de esos en los que se mueven mucho los árboles del llano y sale humo detrás de los cerros y se arrastra por el campo. Yo vivo detrás de un llano con grandes cerros en contorno. El humo espeso se ve por la ventana, engaña a todos los que le creen solo niebla. A mi no, yo se que deja cenizas y matorrales ennegrecidos. Se incubaba tras la ventana y se agazapaba en agujeros. La tierra aquí esta llena de agujeros.

Este es un día ingrato en que sale humo de los agujeros. Por eso quisiera quedarme en cama, pero no puedo, justo hoy no puedo. Me sujeta el trabajo, yo misma me tiranizo. Sin ganas, con ojeras azules y ropa oliendo a humo, tengo que pasar el resto del día. Llenando papeles con números y letras. La angustia del trabajo me permite olvidarme de la angustia de afuera, que sale de agujeros y se arrastra por el suelo. Me olvido del desamor y de la madrugada, de la imagen que se me enreda en la sien, me olvido que tengo alegrías pequeñas y noches largas, me olvido las escamas que están saliéndome del cuerpo. me olvido mientras lleno los papeles de números que apenas entiendo. Ya ha pasado la mitad del día, y no he terminado la lista de pendientes, no he avanzado ni un poco.

Cierro la ventana y se va el olvido de pronto. Queda entonces mi cara azul pegada al cristal, mirando el llano iluminado y nebulosos, con cerros al fondo, grises y fantasmas. Falta tanto, tanto para el final del día. No terminare la lista de pendientes y saldré corriendo después del anochecer, con la angustia detrás me encerraré en mi cuarto, para ocultarme del humo. Para mal dormir mucho y llorar poco, porque mañana seguro será un día ennegrecido e ingrato.

jueves, 1 de febrero de 2007

Cancion del este


A la vuelta de la esquina un ángel invisible espera;
una vaga niebla, un espectro desvaído te dirá algunas palabras del pasado.
Como agua de acequia, el tiempo cava en ti su arduo trabajo de días y semanas,
de años sin nombre ni recuerdo.
A la vuelta de la esquina te seguirá esperando vanamente ese que no fuiste, ese que murió
de tanto ser tú mismo lo que eres.
Ni la más leve sospecha, ni la más leve sombra te indica lo que pudo haber sido
ese encuentro. Y, sin embargo, allí estaba la clave de tu breve dicha sobre la tierra.



Álvaro Mutis