martes, 5 de agosto de 2008

Cuantas camas caben en trescientos kilometros

No puedo estar lejos de La Ciudad. Mas de diez días y ya estoy mordiéndome las uñas y extrañando las calles malolientes y mirando mi agenda.
Todos los viernes tomo carretera para poder dormir en mi cama, que aunque no la visite mas que los fines de semana, sigue siendo mi cama. Para poder pasar dos días y medio con mis amigos, con mis zapatos y con mi otra vida (que no mejor ni peor, solo es otra).

Solo saberme allí me pone contenta y quiero hacer montones de cosas en 48 horas y ver a montones de gentes e ir a montones de lugares. Lo peor es que casi siempre lo consigo.
Y el domingo otra vez, agotada y dolorida, hago maleta y vuelvo al trabajo llevando solo lo indispensable para sobrevivir cuatro días y medio, y así me aseguro de siempre tener una excusa los viernes por la tarde.
A veces necesito excusas porque suena ridículo pasar tres horas en un PrimeraPlus, solo para dormir en mi cama, pero para mi vale la pena, vale el peaje, la malísima película y el sandwich de pan blanco con cocacola. Necesito una excusa para explicar porque me voy corriendo a la ciudad mas contaminada, mas peligrosa y con mas trafico del país, cuando todo mundo quiere salir de ella apenas puede.

Y siempre en sentido contrario, me voy poniendo cada vez mas contenta mientras miro llegar la noche del viernes desde la ventana del autobús.

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