domingo, 7 de junio de 2009

Pretextos nomás


No tengo vocación.
Desde siempre me han gustado tantas cosas distintas y por tan poco tiempo que no he podido hacer bien casi nada. Lo peor es que puedo hace masomenos bien un montón de cosas, entonces a veces me creo que hay algo que podría hacer realmente bien.
Por ejemplo, siempre me gustó la ciencia, pero me aburro pronto de un tema en particular. De niña fui geóloga, astrofisica, paleontóloga, botanica y química (ahora que se que significan cada una de ellas, me alegro de no haberme decidido por ninguna) Mi padre que es biólogo y que siempre ha sido bueno para enseñar, dedicó mucho domingos a mis preguntas y por supuesto, yo queria ser como el.
A los dieciséis, tuve que escoger una carrera universitaria y después de meses de indecisión, termine rellenando el cuadrito de “Biología” y tampoco eso fué lo que estudie. A esa edad, lo que en realidad se me antojaba era estudiar letras y por supuesto no tenía idea de lo que eso quería decir. Nunca me arrepentí de no haber estudiado letras pero a veces me arrepentí de no haber sido bióloga aunque la verdadera razón fueran las salidas de campo, los viernes en la facultad de ciencias y por supuesto los biólogos. Siempre me gustó la ciencia y desde los diecisiete años he estado en montones de laboratorios distintos haciendo investigación. Y aunque nunca entendí bien como ocurrió, incluso conseguí convencer a un jurado universitario para que me otorgaran un titulo de doctorado. Durante mas de la mitad de mi vida, he sido aprendiz de endocrinóloga, microbióloga, viróloga e inmunóloga y mientras me dedicaba a cada una estuve convencida de que me encantaban.
El problema es lo mucho que me gusta cuidar de mi jardín, hacer dibujos con recortes de revistas, estudiar álgebra y cocinar. La verdad, ya ni siquiera se si en verdad es que no tengo vocación, si es la crisis de la edad madura o simplemente me gana la pereza. Al menos, hoy domingo, estoy segura que es eso último.

No hay comentarios: