martes, 7 de septiembre de 2010

¿Y entonces?


Me ha pedido que me case con él.
Yo sospecho que fue un truco para hacerme regresar, y aunque siempre me he tomado esas cosas a la ligera, esta vez me parece que no me va a ser fácil, porque nada ha sido fácil desde que decidí meterme al mar con mi vestido de flores mientras el me perseguía para salvarme.
Me ha pedido que deje mi casa de madera, las luces del día siguiente, las pequeñas certezas que me mantienen con vida, las lentejuelas y a todos aquellos. 
Ha confesado que no ha traído un anillo porque estaba seguro, segurísimo que yo diría  “no”, pero que si digo “si” puedo escogerlo yo misma, como si eso de verdad me preocupara.
Afuera, el lago Trihonida se confunde con un cielo de plomo, hace frío y hay silencio, adentro la gente bebe vino en espera de la hora del bradinó  y yo miro mi vaso muerta de miedo en espera del fin del mundo.
Me ha pedido que le mire a los ojos,  y yo que estoy loca por él, no tendré mas remedio que decir que si.

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